«Para descansar debemos garantizar una temperatura de entre 24 y 26 grados»


Dar vueltas sin poder conciliar el sueño, sudar la gota gorda y levantarse con la sensación de no haber descansado lo suficiente y de que vamos a pasar un día de perros. Así son para muchos las mitificadas noches de verano, un infierno que puede pasar factura a la salud. José Luis Gamero Telo es médico especialista en Neurofisiología Clínica y director de la Unidad de Neurodiagnóstico y Clínica del Sueño del grupo Quirón en Extremadura.

–Estamos viviendo un verano especialmente caluroso en la región. ¿Cómo afecta esto al sueño?

–El sueño es un proceso biológico que coloca nuestro cerebro en ‘función multitareas’, en contra de que podamos pensar que al estar dormidos el cerebro está en reposo. Para poder funcionar correctamente en esas horas tenemos que garantizar una temperatura ambiente de entre 24-26 grados. Si tenemos temperaturas ambientales que no son las ideales nos van a provocar una mala calidad del sueño y, por tanto, un mal funcionamiento de todas las tareas o procesos que tienen lugar durante esos momentos que estamos en la cama.

–¿En verano dormimos menos?

–Se estima que perdemos hasta dos horas de sueño al día en esta latitud. Podemos estar activos gracias a las redes tecnológicas 24 horas al día, siete días a la semana y eso va claramente en contra de una buena conducta del sueño.

–¿Qué tareas hace el cerebro mientras dormimos?

–Muchas, y muchas otras que aún no conocemos. Durante el sueño nuestro organismo repara estructuras dañadas de la piel, músculo, mucosas, consolidamos la memoria, recuperamos la capacidad de rendimiento (la atención, la capacidad de reacción), estabilizamos nuestro sistema emocional (reducimos la irritabilidad, el odio), generamos conductas proactivas (despertamos sueños, intereses, motivaciones). Y durante el sueño tienen lugar múltiples procesos bioquímicos y hormonales (ciclo de cortisol, melatonina, serotonina…) que son la microestructura que nos renueva.

–¿Cuáles son las consecuencias de la falta de sueño?

–Las consecuencias directas de la pérdida de horas de sueño o de una mala calidad de sueño son muy evidentes: cansancio psico-fisico, trastornos emocionales, irritabilidad, pérdida de rendimiento laboral y dificultades de aprendizaje así como un aumento de la accidentabilidad global ya que nuestra atención y capacidad de respuesta están mermadas. Es muy importante recordar los accidentes de tráfico como consecuencia de la somnolencia al volante.

–¿Hay algún grupo de edad al que le afecte de forma más negativa la falta de sueño?

–Los grupos de riesgo son esos que durante el día tienen que mantener un mayor nivel de exigencia. El conductor del camión que pasa muchas horas al volante, el maquinista, el anciano que suma otras patologías de base donde las dificultades para dormir pueden empeorar su estado de salud, como un niño con comorbilidades como epilepsia. Afortunadamente los niños en estos periodos estivales tienen menor nivel de exigencia porque están de vacaciones, sin embargo una mala calidad del sueño para ellos va a repercutir mucho en su conducta: hiperactividad, falta de atención y dificultad para concentrarse.

«No podemos estar activos 24 horas, tenemos que apagar móviles, consolas y ordenadores»

–¿Qué pautas hay que seguir para lograr conciliar el sueño con altas temperaturas?

–Horario regulares, confort en la habitación con ambientes aireados, limpios y con una temperatura entre 24-26 grados, con una cena ligera al menos dos horas antes de ir a la cama, se puede tomar algún tentempié de última hora como un vaso de leche o un yogurt. Hay que garantizar entre 6 y 8 horas de sueño dependiendo de cada persona, evitar preocupaciones o situaciones de estrés que en ningún caso resolveremos en la noche. Eso durante la noche. Y durante el día es muy importante hacer ejercicio físico a ser posible aeróbico y en contacto con la naturaleza (nos obligará a madrugar algo para garantizar estas opciones), dieta saludable, resolver problemas y preocupaciones en el horario matinal. Y por supuesto, en nuestras latitudes, una siesta de 10-20 minutos al día nos va a ayudar a reparar el cansancio físico y mental, aumentar la productividad, disminuir el estrés y reducir los niveles de saturación mental. No hay temperaturas fijas que impidan descansar, hay intervalos por encima de los cuales y dependiendo del momento y la persona sea difícil conseguir tener un descanso de calidad. Se puede dormir toda la noche pero no descansar nada durante ella.

–Respecto a lo que apuntaba antes, ¿como evitar que las nuevas tecnologías nos quiten horas de sueño?

–Las tecnologías han venido para quedarse. Afortunadamente son el porvenir y ayudan a mejorar nuestra eficiencia. El problema viene del mal uso de las mismas y del concepto que antes nombraba de la sociedad 24/7. No podemos estar activos 24 horas al día, siete días a la semana. De este modo, lo que viene para ayudarnos se tornará nuestro gran enemigo. Desconectemos móviles, consolas, ordenadores para hablar con la familia y amigos. Por supuesto, para descansar hay que saber ponderar su correcto uso, el estrictamente necesario.

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