«En el currículum vende mucho ser víctima de algo»


Edu Galán (Oviedo, 1980) es crítico cultural y psicólogo, pero se le conoce sobre todo por haber sido uno de los creadores de la revista satírica ‘Mongolia’, donde sigue trabajando. También ha participado en los libros y las piezas teatrales derivadas de la misma y es autor de un par de ensayos. El último (‘El síndrome Woody Allen’, Ed. Debate) se eleva sobre lo sucedido al cineasta estadounidense en su conflicto con Mia Farrow para hablar de los nuevos tabúes sociales, el activismo en las redes sociales y la dificultad cada vez mayor de muchos grupos para distinguir entre ficción y realidad, o simplemente para aceptar esta última. Galán es uno de esos tipos cultos, ingeniosos y divertidos que tiene una visión escasamente complaciente de la sociedad que vivimos y del horizonte que se dibuja.

– ¿Cuántas veces le han llamado facha o machista desde que publicó el libro?

– Muchas. Y no solo eso:colaboracionista, blanqueador y otros términos que acaban en ‘fobo’ y que implican que tienes algo así como una enfermedad, algo que te pone en contra de las mujeres, los trans, las minorías raciales. Todo eso no hace más que confirmar las tesis del libro, lo que es muy descorazonador.

– Puede que incluso algunos de quienes lanzan esos improperios ni lo hayan leído.

– Claro, está de moda descalificar sin haber leído lo que se descalifica. Y luego está la falacia no ya ‘ad hominem’ sino ‘ad amicum’:si tienes un amigo de derechas eres de derechas; si los tienes de izquierdas, eres de izquierdas.

– ¿Por qué necesitamos poner etiquetas a todo? Porque si criticas a Podemos eres un facha; si al PP o a Vox, un socialcomunista;si a la izquierda abertzale, un unionista; si a cierto feminismo radical, machista;y si lo haces con los machistas, un feminazi.

– Es muy cómodo. Te despachas así y no necesitas más. Debatir con alguien lleva tiempo y esfuerzo. En cambio, pones etiquetas y ya está. Pero de esa manera te apartas de la posibilidad de un debate inteligente. El problema es que estamos instalados ahí, incluso en los debates presidenciales en EE UU. Y eso es algo muy peligroso para el Estado de Derecho. Hasta impregna el discurso de los medios de comunicación.

Libertad de expresión

– En su libro se pregunta qué ha pasado en diez años para que Woody Allen se haya transformado de inocente en culpable sin ningún elemento nuevo en el caso. ¿Qué ha sucedido? ¿La libertad de expresión está perdiendo una batalla?

– Es uno de los síntomas de lo que pasa. Todo proviene de una dinámica mucho más grande que funciona con una lógica capitalista. Hoy ya no te compras una camisa por el uso básico de vestirte con ella, sino porque te refleja. Hay un centralismo del yo, una sociedad infantilizada. Y en un mundo de niños, la libertad de expresión no tiene sentido. Un adulto tiene que ver lo desagradable de la vida. Así que estamos ante otra víctima más, como la presunción de inocencia.

«Vivimos en una sociedad drogada porque no aceptamos la realidad»
ANESTESIAS

– ¿Por qué está sucediendo?

– Porque vivimos en una sociedad ansiosa y cortoplacista. Si un Ministerio de Igualdad quiere legislar los chistes sobre mujeres, estamos ante una iniciativa inaceptable, como lo es la llamada ‘ley mordaza’. Se quieren judicializar los comportamientos, y además se aplaude que sea así.

– Vivimos en una época en la que prima el sentimiento sobre el argumento, el grito sobre el dato, escribe. ¿A dónde nos conduce todo eso?

– A un sitio muy siniestro en un doble plano. Uno social y otro, personal. En el social, es cierto que las democracias occidentales no son perfectas, pero este camino emprendido nos conduce a una corrosión del sistema, que se ve infectado de populismos, nacionalismos y negacionismos, que son como una religión.

«Si a alguien no le gustan mis chistes o mis ficciones, que cambie de canal»
libertad de expresión

– ¿Y en lo personal?

– El yo nos lleva a la ansiedad y la depresión. Vivimos en una sociedad drogada porque no aceptamos la realidad.

– ¿Ser mujer, miembro de una minoría racial o tener algún padecimiento físico concede más credibilidad?

– Eso se basa también en la sentimentalidad. Hay colectivos más victimizables, por supuesto, pero no existe una correlación entre eso y la razón. Plantear las cosas así, que por ser mujer, negro o víctima de una enfermedad ya tienes razón, es muy paternalista y se convierte en el caldo de cultivo adecuado para que exista quien utilice circunstancias raciales o de género para imponer su criterio. Hasta Trump tiene razón ahora.

«Hay periodistas culturales especializados en señalar cosas. Lo usan de forma interesada para ganar unos durillos»
DENUNCIAS

– ¿Por qué?

– Porque ha pasado el coronavirus. Ha adquirido el rango de víctima y ahora ya tiene razón en lo que diga sobre la pandemia. El montaje del Derecho es que no puedes ser juez y parte. Ahora parece que tienes que ser ambas cosas.

– ¿Qué le parece que se exija que para interpretar a un trans, por ejemplo, o a un discapacitado, se pida que el actor o la actriz elegidos lo sean?

– En el currículum vende mucho ser víctima de algo. Pero los actores interpretan, no son. Se dice que hay que visibilizar… Un placebo. ¿En qué cambia la realidad que dos discapacitados hagan de tal en el cine. Es algo que dice más de quien aplaude esa medida que de quien lo hace. Es como lo de sentar a un pobre a la mesa de ‘Plácido’, la película de Berlanga. Es caridad y paternalismo.

«El camino emprendido nos conduce a la corrosión del sistema»
EN POLÍTICA

– ¿Nos estamos quedando sin humor a base de tener la piel tan fina?

– El asunto debería ser que si a alguien no le gustan mis chistes o mis ficciones, que cambie de canal. Se está creando, lo mismo a la izquierda que a la derecha, la idea de que al señalar ciertos chistes o ciertos argumentos se está haciendo algo bueno. Pero solo lo parece.

– ¿Hacer un chiste grosero sobre alguien o sobre algo es un derecho?

– El humor es de las pocas cosas un poco libres que quedan en la vida de un adulto. Lees un chiste y te parece de mal gusto, pero sabes separar. A un niño lo engañas en Disneyworld y piensa que ha visto a Cenicienta de verdad. Un adulto debería saber que es una actriz y que cuando acaba su jornada laboral se va a casa vestida de calle. Un adulto debería distinguir la realidad de la ficción. Yel humor juega a la grosería entre otras cosas, claro que sí.

– Habla de separar ficción y realidad, pero ahora se sospecha que alguien puede ser un pervertido si ha creado un personaje que lo es.

– Si creas el personaje de un pervertido piensan que lo eres, igual que te dicen que no deberías entrevistar a nadie de ultraderecha porque lo blanqueas. A mí nada me hubiese gustado más que entrevistar a Franco.

«A mí me hubiese gustado más que nada entrevistar a Franco»
ACUSACIONES DE BLANQUEO

Dislexia ideológica

– ¿Y las polémicas cíclicas sobre Nabokov y ‘Lolita’? ¿Hay que prohibir su lectura porque es una apología de la pederastia?

– Decir eso de Nabokov y ‘Lolita’ es propio de disléxicos ideológicos, porque ven cosas y valores que no están en la obra. También hay periodistas culturales especializados en señalar cosas que hay o no hay en el Museo del Prado, por ejemplo. Lo usan de forma interesada para ganar unos durillos.

– Esa incapacidad para separar obra y autor.

– Los valores de la obra son siempre superiores a los de su autor. Hay gente que vive de señalar el horror que ve en ciertas ficciones y plantea que hay que dejar de leerlas. Y siempre habrá quien esté encantado de dejar de leer algunos libros.

– También hay quien acusa a un escritor de no poder escribir sobre Euskadi en tiempos de ETA porque en esos años no vivía aquí.

– Según eso, Conrad no habría podido escribir ‘El corazón de las tinieblas’. Lo de Permach y Barrena sobre Aramburu es una dislexia ideológica perversa. Estamos ante un apriorismo sobre unos valores que están por encima del autor, como le decía. Es una interpretación infame y malvada.

– Un informe encargado por el Instituto de la Mujer dice que las series de TV españolas muestran a una mujer hipersexualizada o que es pasiva, ‘florero’ o soporte emocional.

– Viendo la trayectoria de quien dirige eso tampoco me extraña. De nuevo estamos ante un placebo. Este es el de la criminalización de las series españolas, que forman una industria pequeñita comparada con la de otros lugares, pero de la que viven muchas familias. No sé por qué el ministro de Cultura no ha reprobado eso. Ni por qué se permite esa persecución desde la izquierda.

– ¿Se persigue la belleza?

– Se quiere eliminar el hecho biológico, el sexo. Se quiere eliminar el darwinismo:los más atractivos tienen más posibilidades de ligar y reproducirse. Eliminar el hecho biológico lo desnaturaliza todo.

– ¿Qué opina de la discriminación positiva?

– ¿Existe si hablamos de una beca, por ejemplo?Se puede llegar a utilizar en ámbitos concretos y estudiar si es una medida eficaz para eliminar una discriminación real. Pero en el arte es postureo porque lo que habría que valorar es el talento. Yahí las cosas requieren tiempo para igualarse, por ejemplo para que haya más directoras de cine. Además, les haces un flaco favor porque algunas llegan a ciertos puestos sin las herramientas necesarias para asumirlos. Pero adoptar medidas de ese tipo es fácil y vistoso, aunque en el arte no cambie nada.

– La Academia de Hollywood ya ha fijado los criterios que deben tener las películas que aspiren a ser premiadas en los Oscar. Y van en esa dirección.

– Eso cercena la libertad creativa porque habrá ciertas historias que por su naturaleza no podrán cumplir nunca esos requisitos. Pero lo que más me fastidia es ver a cierta izquierda que se dice antiimperialista aplaudir una medida así en un país sin sanidad pública y con una evidente discriminación racial. Me gustaría saber qué ha cambiado de la situación de los negros en EEUU que Will Smith protagonizara ‘El príncipe de Bel Air’.

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